"Nunca conocí a nadie que sintiera tanto entusiasmo por las bromas como el rey. Daba la sensación de que vivía sólo para bromear. Contar una buena anécdota del tipo gracioso, y contarla bien, era la manera más segura de obtener su favor. Así pues, sus siete ministros eran personas conocidas por sus talentos como bromistas. Todos se parecían al rey: eran hombres de contextura gruesa, corpulentos, aduladores y, también, bromistas sin igual. Nunca pude dilucidar si la gente engorda porque hace bromas o si la gordura predispone a las bromas, pero lo cierto es que un bromista delgado es un rara avis in terris."
jueves, 29 de octubre de 2009
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